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La bendición de dar
 

Por Rodolfo Mendoza

Cuando hablamos de dar, en lo que pensamos es en recursos financieros, pero eso no es lo único que se puede dar. Tú determinas la medida con la que te van a medir. La medida que usas para dar, es la misma que usarán contigo.

Proverbios 21:5 Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza.

Todo aquel que es diligente tiende hacia la abundancia, hacia la excelencia. Si tú eres una persona que aprende a planificar, seguramente alcanzarás un grado de excelencia de parte de Dios.

Cuando tú vas a dar, debes aprender a ser diligente en ofrendarle al Señor, no de una manera negligente u olvidadiza. Debes aprender a planificar debidamente el diezmo que presentas al Señor.

Algunas personas dicen: “Es que yo no diezmo, porque no me alcanza”; cuando realmente no te alcanza porque no diezmas. Cuando tú diezmas, Dios hace que no solamente venga sobre tu vida abundancia, sino tengas una mejor noción de lo que es administrar el dinero, y El comienza a darte la sabiduría para ello.

Cuando recibes los bienes, lo primero que debes hacer es apartar la décima parte para el Señor. Si eso es lo primero que está en tu presupuesto, nunca te va a faltar para diezmar. Pero si se convierte en aquello que dejas de último, lo más seguro es que siempre te va a faltar para dar. Debes añadir diligencia a la generosidad que ya tienes, y al hacerlo de una manera ordenada, Dios te va a bendecir de la misma manera.

Lucas 6:37 – 38 No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

Con la medida que tú mides, te medirán; la medida que juzgues, te van a juzgar; con la medida que condenes, te van a condenar; con la medida que   perdones, te van a perdonar; con la medida que des, te van a dar.

Hay algunos que por un lado se dedican a juzgar, y otros que dedican su vida a dar. Si yo tuviera que escoger de qué lado estar, prefiero ser de las personas que se dedican a dar. La gente que se dedica a juzgar, está pensando siempre en cuánto otros les deben dar a ellos. Si yo juzgo a mis padres, es porque yo creo que ellos deberían darme ciertas cosas; si yo juzgo a mi jefe, es porque me creo merecedor de otras cosas.

Pero en cambio, la gente que se dedica a dar, es gente que está contenta con lo que tiene y agradecida, y esa gratitud les hace ver que tienen cosas para alguien más y las reparten, son dos actitudes muy distintas. La actitud de la persona que demanda de los demás, y la actitud de la persona que demanda de sí mismo para darles a los demás.

Aquí hay de esos dos tipos de personas. Hay algunos de ustedes que están aquí demandando; vas a tu casa y demandas de tu familia, de lo que tú te crees merecedor. Otros, por el contrario, llegan a casa con el deseo de dar u ofrecer a los de su casa lo que ellos necesitan. Hay personas que esperan que otros hagan lo que les gustaría a ellos; otros, siguen el mandato del Señor Jesús y les hacen a los demás lo que les gustaría que les hicieran a ellos.

Hay gente que demanda y hay gente que ofrece. Los que se dedican a demandar, son personas que están pensando en sí mismos, creen que la vida es injusta con ellos y que no les han dado lo que se merecen. Pero a los que se dedican a dar, no les importa si la vida es justa o injusta; ellos están agradecidos con lo que tienen sea mucho o poco. Pero ellos están dispuestos a pensar en otros por encima de sí mismos, encuentran la verdadera alegría porque dar es mejor que recibir.

Jesús dijo: “Es más bienaventurado dar que recibir”. Tú puedes recibir lindos regalos y claro que recibirlos es alegre, pero cuando generas el carácter de dar, eso produce una felicidad mayor en tu vida.

Dar es mejor que recibir. Cuando hablamos de dar, en lo que pensamos es en recursos financieros, pero eso no es lo único que se puede dar. Tú determinas la medida con la que te van a medir. La medida que usas para dar, es la misma que usarán contigo. Todo lo que des, es lo que se te va a devolver. Lo que tendrás mañana es lo que des hoy. Quiero que pienses en la gran cantidad de cosas que podrías dar.

Para empezar, puedes dar tu tiempo, nada sustituye eso. Tú puedes darles a tus hijos todo lo que ellos quieran, pero si no te das a ti mismo, ellos siempre van a tener un vacío en su corazón. Los niños no esperan solamente grandes regalos de su padre, esperan un padre.

Puedes dar atención también; no sólo tiempo, sino calidad de tiempo. Cuando estás con alguien, lo importante no es cuánto tiempo le das, sino qué calidad de tiempo. Por ejemplo, yo podría decir: “Yo le doy tiempo a mi esposa”, pero llego temprano a la casa a ver mis partidos de fútbol o de béisbol; allí no le estoy dando tiempo a ella, sino que le estoy pidiendo a ella que sea compañía en algo que a mí me gusta.

Otra cosa que puedes dar son sus fuerzas, tu servicio. Hay personas muy serviciales, dan de sus fuerzas para bendecir a alguien más. Por supuesto, los recursos que tienes es algo que puedes dar también. Pero, ¿qué tal dar las ideas que tienes? Tú puedes dar de la sabiduría que Dios te ha dado y compartirla con otros. Puedes dar ideas a tus amigos empresarios o a la gente que conoces. Puedes dar de ti mismo a alguien más.

Quiero compartirles parte de la historia de Elizabeth Eliot, ella vivió hace más de cincuenta años. Era una mujer con un futuro brillante, buena apariencia, una vida profesional, pero decidió ser misionera a aquellas tribus que no habían sido alcanzadas aún por el Evangelio, y entregó su vida. Fue a un viaje misionero a Ecuador, a la tribu de los indios Huaorani. Esta tribu había recibido el Evangelio en el año 1600, pero desde esa fecha, mataban a toda persona que llegaba a compartirles de Jesús. Ella fue con un grupo de jóvenes, y en el camino, conoció a Jim, quien se convirtió más adelante en su esposo. Ambos testificaban ahí, comenzaron a tirar regalos con la foto de ellos, para que cuando llegaran, los reconocieran y no les hicieran daño. En una ocasión, los hombres del grupo decidieron acercarse por primera vez y, en poco tiempo, llegaron a tener una relación de respeto. Pasaron los meses, pero una de esas noches, ellos ya no regresaron. Las mujeres comenzaron a buscarlos, y cuál fue la sorpresa de Elizabeth que encontró a su marido en el río, le habían dado muerte. Cualquier mujer se hubiera llenado de amargura y regresado a su país. Pero ella tomó la decisión de ir a esa tribu, llegó a conocerlos a todos y a identificar a los siete hombres que habían dado muerte a su esposo, y los llamó para Cristo. Ella regresó para evangelizar, y la tribu entera se convirtió a Jesús. Esta mujer es un ejemplo de lo que es la generosidad de dar.

Dios siempre ha querido que seamos generosos al momento de dar, pero no sólo en el momento de la ofrenda con dinero, sino con tiempo, esfuerzo, atención y amor. ¡Tienes tanto que puedes dar a alguien más!

Quiero hoy enseñarles las tres “r”, que son el resultado de dar lo que tienes a alguien más.

Primera: Recibes recompensa.

Segunda: Cultivas relaciones.

Tercera: Encuentras la realización de tu vida.

Recompensa, relaciones, realización.

Quiero comenzar con la recompensa. Cada vez que usted da se le recompensa.

Gálatas 6:9 Todo lo que el hombre sembrare, eso mismo cosechará.

Gálatas 6:7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

Cada cosa que damos, cosechamos. Camina por la calle y da sonrisas, cosecharás sonrisas. Da enojos y mal modos, y eso cosecharás.

Dice la Biblia: “Dios no puede ser burlado”. Hay personas que van con Dios a reclamarle las cosechas que tienen, y la Biblia dice que no puedes burlar a Dios. Tú puedes tratar de engañarme a mí, contarme la historia de tu vida de tal manera que suene como la víctima, pero a Dios no, El conoce cada detalle.

La cosecha que tienes es el resultado de la siembra que has hecho. Tienes hoy lo que sembraste ayer, y tendrás mañana lo que siembres hoy. Si no te gusta lo que cosechaste, empieza a sembrar mejor.  Pero dices: “Pastor, me va a tomar mucho tiempo si comienzo a cambiar mi vida”. Te va a tomar un día más si comienzas mañana, así que hazlo hoy y te tardarás un día menos.

Hay gente que está pensando en cuanto más los demás deberían darle a él; ya le hablé acerca de ese espíritu demandante. “Mi papá me abandonó, mi papá me dejó, mi papá no me amó, mi mamá me hizo, mi jefe ha sido así…” Están sólo demandando.

Proverbios 11:24 Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza.

Hay personas que pasan su vida repartiendo y siempre tienen más. Pero hay quienes retienen más de lo que es justo, y les viene pobreza. Porque si retienes lo que es de Dios, El retiene lo que es suyo. En cambio, si das lo que es de Dios, El te da lo que es suyo. En otras palabras, si eres fiel en lo poco, Dios te pondrá sobre mucho.

Debes sembrar el bien, para el Espíritu, para así cosechar de Dios la bendición y la vida eterna.

Un presidente de Estados Unidos dijo: “Nadie recibe honra por lo que recibe; la honra es la recompensa para el que da”.

Alguien dijo: “Cuando se trata de dinero, no se puede ganar. Si tu meta es hacer dinero, eres un materialista; si lo intentas y no lo logras, eres un fracasado; si ganas mucho y lo guardas, eres un miserable; si lo gastas todo, eres un derrochador; si no te preocupas por tenerlo, no tienes ambiciones; si tienes mucho, llegas a viejo y no te lo has gastado, eres un tonto, porque no te lo puedes llevar”.

Llegará el día que lo que tengas será aquello que hayas dado. La única manera de no perderlo, es dándolo. Cuando llegues al cielo, lo que tendrás es lo que le habrás dado a Dios, a tus padres en honra, a las autoridades que te instruyen y al necesitado. Dando es la única manera en que se recibe. Anote esto que le voy a decir “todo lo que usted no da, lo pierde un día”

El día más triste de muchos será el día que lleguen al cielo y se den cuenta de todo lo que perdieron en la tierra por nunca darlo. Dando es como se recibe.

Cultivas relaciones

Cuando el hombre se hace más sabio es cuando está soltero y enamorado, porque se dedica a dar todo lo que tienen con tal de ganar el amor de la otra persona.

Los jóvenes saben cómo se gana a una jovencita: dando. Ellos se transforman, empiezan a rasurarse, a bañarse, van al gimnasio, se ponen a dieta, toman prestado el carro del papá y hasta se lo enceran, empiezan a hacer poemas, etc. Están dando todo el tiempo, porque saben que así empiezan a ganar el corazón de esa jovencita. Enamoran a la otra persona dando. Cada vez que das, abres la oportunidad de tener una relación con alguien más.

El problema de los casados es que se nos olvida cómo fue que ganamos a esa persona. Después nos convertimos en demandantes. Aquella persona que llegaba: “Mi primor, ¿qué me vas a dar de comer?”, ahora llega: “Mira vos vieja, dame la cena”. Si tú quieres mantener la llama viva del amor, mantente dando. ¿Crees que una docena de rosas en la vida de su esposa es suficiente? ¿O que lo sea el haberle dicho a su mujer que la ama hace 20?  Claro que ella lo sabe, pero le gusta oírlo y todos los días.

¿Mujer, cuando fue la última vez que le cocinaste algo especial a tu marido? Ponle una mesita, mantelito, una velita; manda a los niños a dormir a otra casa y así ustedes no duermen. ¿Cuándo fue la última vez que le llevaste rosas a tu mujer? ¿La última vez que le hiciste un poema? ¿Que la abrazaste y le dijiste: “ven acá conmigo”? Da, cada vez que lo haces, cultivas una relación.

Jesús dijo que hiciéramos a alguien más lo que a nosotros nos gustaría que nos hicieran. El mandato bíblico nunca está enfocado en lo que vamos a recibir. El dijo: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. Luego dijo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Pero nosotros venimos a la iglesia a exigir el amor de Dios, que nos den atención, un abrazo, y se nos olvida que estamos aquí para dar. El verdadero carácter de un cristiano se resume en todo lo que debe dar a alguien más.

Proverbios 19:6-7 Muchos buscan el favor del generoso, Y cada uno es amigo del hombre que da. Todos los hermanos del pobre le aborrecen; ¡Cuánto más sus amigos se alejarán de él! Buscará la palabra, y no la hallará.

Aquí cuando habla del pobre, habla del pobre de generosidad. Si eres una persona que siempre da de sí misma, la gente va a buscar tu amistad. El hombre que tiene amigos, ha de mostrarse. Cuando tú das amistad, alguien te la devuelve. La persona que da tiene amigos y no porque sea una amistar interesada sino porque nos gusta estar con una persona que esta dispuesta a dar todo por usted, que esta dispuesto a darle tiempo y a cultivar esa relación con usted.

Proverbios 18:24 El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay mas unido que un hermano.

Proverbios 18:16 La dádiva del hombre le ensancha el camino, Y le lleva delante de los grandes.

Dando es como se llega a la grandeza. El egoísmo es el precio que se paga por la ruina. La generosidad le abre las puertas de la grandeza. Cada vez que usted da, alguien que tiene mas que usted le abre las puertas.

Proverbios 21:14 La dádiva en secreto calma el furor, Y el don en el seno, la fuerte ira.

Tú has tenido gente que ha estado muy enojada contigo, que no importa lo que hagas, sigue molesta. Pero una forma para que se calme ese enojo es dejarle un regalito. Eso fue lo que hizo Jacob con Esaú; cuando iba camino a su casa, le empezó a enviar regalos, el hombre estaba asombrado y maravillado y ya no lo quiso matar porque dijo “No vale la pena matarlo me conviene que este vivo”. Le perdono la vida. De la misma forma, muchos maridos cuando su esposa está enojada, le mandan rosas. Déjaselo en secreto, eso calma la ira. Cuando das, el enojo se aparta; cuando dejas de dar, el enojo se acerca. Da para que se quite el enojo y para evitarlo.

Por eso es que la única vez que los esposos les dan rosas a sus mujeres es cuando le cerraron la puerta de sus casas y ya no los dejan entrar. En ese momento, sí llegan con rosas, pero si lo hubieran hecho antes, no estarían en esa situación.

Lo mejor que como padre le puedes dar a tus hijos no es el dinero, sino el tiempo. En este tiempo, los hijos están clamando por padres, por su tiempo. Tú eres el héroe de tus hijos cuando ellos están pequeños, pero si desperdicias eso, tus hijos encontrarán otros héroes. Si tú les dedicas tiempo y los escuchas, cuando lleguen a la adolescencia, te escucharán. Pero cuando como padre te endureces y comienzas a juzgar a tu hijo por el peinado que tiene, por la música que escucha, por la ropa que usa; si cada vez que su hijo tiene uno de esos gustos extraños o exóticos tú lo juzgas y lo haces a un lado, tu hijo hará lo mismo porque con la misma medida que mides a tu hijo, él te medirá a ti. En vez de escuchar tus consejos que son sabios, escuchará los de un  amigo que no es sabio, sino necio y que no tiene experiencia ni conocimiento. Se van a ir a las maras, el crimen, a acostarse con la primera persona que los escuche. Pero cuando tú los escuchas, aunque sean cosas en las que no estés de acuerdo y logras conectarte con ellos, vas a lograr una comunicación abierta y podrás compartir tu sabiduría.

No te cierres a tus hijos y no te olvides que también fuiste adolescente un día, y que también tuviste cosas que no fueron bonitas para tus padres.

Date por aquellas personas que tú más valoras.

Realización

Juan 12:24-26 De cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

Si tú estás tratando de conservar tu vida, nunca la vas a retener. Pero si estás dispuesto a dar tu vida, a perderla, la vas a encontrar. Hasta que tú no tengas algo por lo cual morir, nunca tendrás algo por lo cual vivir. Cuando usted dedica su vida a algo que es mayor que usted, usted va a encontrar una realización para su vida. Pero cuando usted trata de conservarse a si mismo, e intenta no perder o dar su vida para algo, realmente la va a terminar perdiendo. Así que como todos la vamos a perder ya sea por conservarla o por alcanzar un sueño, piérdala por alcanzar un sueño; de lo mejor por alcanzar lo mejor, eso es lo que Jesús nos enseña.

Quiero que te pongas a pensar en esto: ¿tiene tu vida un propósito en estos momentos? ¿Tienes un sueño más grande? ¿Hay algo que te hace palpitar y pensar que estarías dispuesto a dar todo lo que tienes con tal de ver eso alcanzado? Porque hasta que no tengas ese sueño, nunca vas a encontrar la realización de haber vivido.

Necesitas una pasión que te conmueva, que te lleve a dar todo. Si no la tienes, todavía tu vida no ha adquirido el valor que debería. A la gente no le interesan los logros que has tenido, sino los aportes; lo mismo a tus hijos. Los adolescentes cierran sus oídos a sus padres porque ellos antes se los cerraron a ellos. Los padres están más interesados en la música que ellos escuchan, que en el porqué la escuchan. Los grandes hombres son recordados hoy por aquello para lo cual dedicaron su vida. Tú recuerdas a Moisés porque él se dedicó a formar una nación; recuerdas hoy a Josué, porque fue un hombre que entregó su vida para repartir la tierra prometida; a Elías, porque dedicó su vida a traer la Palabra de Dios; a grandes hombres como Daniel, Eliseo, Isaías, Jeremías, David, porque todas esas personas tuvieron algo más grande por lo cual vivir.

Cada vez que leas la historia, sólo recuerda a las personas que tuvieron sueños más grandes que ellos mismos; los grandes conquistadores, los grandes gobernantes, los grandes escritores, los grandes artistas, los grandes filósofos. Su nombre será recordado hasta el día que muera y tal vez por la siguiente generación, pero si tú quieres que en el cielo retumbe tu nombre, dedica tu vida a ver el Reino de Dios establecido en esta tierra; porque eso es algo más grande que tú mismo. Cuando hagas esto, habrás sido socio de Jesucristo en la mayor obra de la humanidad. 

Las jovencitas que de niñas no reciben el abrazo de un padre son más propensas a caer en el pecado sexual. Están tan poco acostumbradas a recibir, que lo abaratan. Sus trabajadores hacen lo mismo, están tan poco acostumbrados a recibir de ti como jefe, que al primero que le ofrece 50 quetzales más, se cambian de trabajo. Si una empresa les ofreciera el doble de lo que ganan contigo, ¿se cambiarían de trabajo? Todas las personas que trabajan a mi cargo vinieron ganando a esta oficina mucho menos de lo que ganaban en la anterior, pero ninguno se ha ido, porque la mejor paga para ellos no es lo económico, sino que hay formación, afecto.

La  mejor paga que les puedes dar a tus trabajadores, es la personal. Cuando das de ti mismo, encuentras la alegría de la gente. Es más bienaventurado dar que recibir. Tú puedes llegar a ser millonario que si no das, nunca encontrarás la alegría de la vida. La Biblia dice que es mejor un plato de legumbres que una gran vianda con pleitos. Tus hijos prefieren tu compañía a tener una gran casa. Cuando no das, el mayor peligro es que te conviertes en una persona propensa a la amargura. Sólo puedes ser generoso si primero estás agradecido. Si crees que mereces más, en vez de estar agradecido, estarás amargado. Cuando estás agradecido, puedes dar a alguien más. Debes estar contento con lo que tienes y todo lo demás es ganancia. Cuando no das, no lo haces porque te crees merecedor de algo mejor, y eso abre la puerta para la amargura. El hijo pródigo regresó a casa, pero el hermano mayor se enojó por la fiesta que le dieron. Cuando estás dispuesto a dar, hay gente que se enoja.

Cuando no das, hay consecuencias también. La primera es que en tu corazón no hay agradecimiento; sólo la gente agradecida es generosa. La falta de gratitud acompaña a la gente que no quiere dar, pero cuando aprendes a ser agradecido, las quejas se van de tu vida. La queja es hermana de la demanda; cuando tienes una mentalidad demandante, la queja siempre te va a acompañar. ¿Eres una persona que se vive quejando y hablando mal? Si eres así, primero, no eres agradecido, y segundo, no está buscando darle a alguien algo más.

Lo segundo que pasa cuando no das, es que tu corazón se endurece; te llegas a enojar e incluso a juzgar a los demás. Es el caso en la parábola del hijo pródigo, cuando regresó a casa, el padre le regaló un anillo, zapatos nuevos, vestido nuevo y le hizo una fiesta; pero el hermano mayor se enojó porque su padre le estaba dando eso a su hermano, en vez de estar agradecido que había vuelto.

La gente que no da se enoja con los que sí damos. Cuando das tus diezmos, la gente se molesta. Entrega todo lo que tienes a Dios, no sólo lo económico. Cuando tu mayor enfoque está en lo que debieras recibir, entonces te llenas de amargura. Cuando empiezas a demandar amor, comienza la amargura. Ponte a pensar en los pleitos que has tenido, siempre vas a encontrar un común denominador: demandar algo. En el matrimonio, decimos: “Si tú cambias, vamos a ser felices”. En vez de decir: “Cuando yo cambie, te haré feliz a ti”. Dale a otro, lo que te gustaría que te dieran a ti.

Puedes ponerte a demandar que alguien te dé, eso te hará un dictador o un amargado. O puedes empezar a dar y al hacerlo, vas a cosechar.

Hay una oración que dice así:

 

“Señor, hazme un instrumento de tu paz; donde haya odio, siembre yo amor; donde haya ofensa, perdón; donde discordia, unión; duda, fe; desesperación, esperanza; tinieblas, luz; tristeza, gozo. Concede que no busquemos ser consolados, sino consolar; que no busque se amado, sino amar, porque dando es como recibimos; perdonando somos perdonados, muriendo, nacemos a la vida eterna”.

Ese es el carácter que como cristianos debemos tener.  La vida del cristiano es completamente de dar.

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